Conductor Consciente

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    En este folleto encontrarás algunos consejos pensando en la responsabilidad que significa 98_conductores conscientestransportar a otros, y también es una invitación a pensar más sobre el actuar que tenemos en nuestras vidas. Es un mensaje, el cual pide tener en cuenta, lo que recuerda el viejo adagio: “¡El que no escucha consejo, no llega a viejo!”.

    La vida es demasiado importante como para perderla por una irresponsabilidad de segundos, por ello en el momento que vaya a conducir, tenga conciencia y recuerde la enorme responsabilidad asumida tan pronto se ponga en marcha. Al estar en la carretera es muy fácil aumentar la velocidad y, luego de hacerlo uno de manera automática se siente atraído para ir más rápido, por lo tanto es primordial tener cuidado, ser precavido. No debemos olvidar la meta que tenemos en esta vida, no perder el foco, para así cuidar la nuestra y la de los demás. El cómo manejamos nuestras vidas, lo podemos comparar con el cómo conducimos un carro. A todos se nos da la oportunidad natural de manejar, de conducir algo, lo cual empieza desde los primeros años, siendo niños con el manejo del propio cuerpo, después con el manejo de asuntos en la familia, pronto un negocio, hasta llegar, incluso, al manejo del gobierno de un país entero. De esta manera, quien dirige lleva sobre sí una responsabilidad excepcional. De hecho, en ésta posición, se puede llegar hasta representar un peligro para quienes te acompañan, como también para quienes están a tu alrededor.

    ¿Cuál es la responsabilidad de la que tanto se habla? Esto se ha tomado a la ligera, pues el asunto tiene apariencia de ser sencillo y claro. Por el contrario, es muy delicado. Sobre todo, debes darte cuenta que tienes la vida de otros en tus manos, y que siempre de un modo u otro vas a influir en sus destinos.

    Al emprender el camino, sólo tienes dos posibilidades: los puedes dañar o llegar con ellos sanos y salvos al final del viaje. A tu alrededor, todos dependen de ti. Ahora la pregunta es: ¿Tú de quién dependes? A lo mejor ni lo haz cuestionado, y si quieres saberlo debes inquirir de manera correcta acerca de la finalidad de la vida. Al hacerlo, te darás cuenta que, la vida se nos concede para examinar la madurez de nuestras actividades y para aprender a servir, conduciendo responsablemente nuestros cuerpos y trabajar en conjunto con los demás.

    Sabemos que este ideal la mayoría de las veces no se cumple, pues, está el desinterés en conocer la Verdad, y el orgullo en medio de la ignorancia. Vemos que, con la aparición del orgullo, de creernos controladores vienen también los accidentes. Luego, lo lógico es ser humilde. Pero, ¿quién quiere ser humilde?

    Hoy son pocos quienes desean estar en ésta posición, no obstante, es de inteligentes hacerlo, pues siendo humildes se puede aprender más y más. Podemos llegar a entender que no somos el cuerpo material, sino almas espirituales que conducimos este cuerpo, pues no somos el vehículo, sino el conductor. Por lo tanto, si te accidentas, no busques la falla en el vehículo, ni en los demás, sino busca en tí mismo y si tú fallaste, hay que asumirlo. Hasta la cárcel espera al irresponsable y negligente, o simple distraído; a cada metro, en cada minuto viene un nuevo examen, razón por la cual nunca te puedes dormir en los laureles del pasado. Condúcete bajo este principio. Por esto, en el momento de un accidente, de nada sirve exclamar airado: “¡Pero es que hace muchos años conduzco sin error!”. ¡Dios perdona, pero la Naturaleza difícil! Todo es concedido por Dios, la oportunidad de conducir algo es, también, la de aprender a ser responsables.

    Todo tiene un propósito, y ese propósito no son los vehículos, ni transportar personas, u objetos, de un lugar a otro en este planeta Tierra. Dios es el Conductor Supremo. Él Mismo es quien conduce Su Creación. Dios nos ha creado con el fin de darnos Su enseñanza. Debemos aprender de Él, comprender la meta y la esencia de todas las relaciones, es decir, el karma o la Ley de Acción y Reacción. Así, a cada movimiento erróneo, por descuido o desobediencia, se desencadena una reacción y más vale estar listos para afrontarla. Tan peligroso puede llegar a ser lo que haces, tan delicado, y ¿quién puede garantizar que no vas a cometer errores?

    En otras palabras, estando al frente del volante sólo dependes de la misericordia, y si Dios te concede la gracia podrás hacer las cosas bien. Es para tenerlo siempre presente.

    Somos dependientes de Él, pero debemos ser sumisos y rendidos a Su voluntad,

    reflejada en que no vas a atropellar a nadie, y, además garantizar, con la mejor intención, que tu existencia no va a ser la causa de dolor o ansiedad para otros. Tener siempre presente el karma, o sea, la reacción correspondiente a cada una de las acciones, y rendirse a Dios, hasta llegar ver a todos los seres vivientes como tus propios hermanos, o seres queridos, y ser muy prudente, en cada maniobra, a fin de no maltratar a nadie. Conservando un gran margen de protección, nunca conduzcas a excesiva velocidad, o bajo la influencia de emociones que te perturben negativamente, ni jamás, demasiado cansado, bajo el influjo del sueño. Qué decir en estado de embriaguez.

    Puedes creer tener todo calculado, en cuanto a las sorpresas y los errores de los demás, pero, aún así, sólo dependes de la misericordia del Señor. Sin embargo, aunque en el mundo se está en peligro a todo instante, eso no quiere decir que debes dejar de conducir. ¡Es tu examen!

    Más allá de estas grandes consideraciones, lo más apreciable de la vida no es solamente cómo conduces, sino hacia dónde te diriges; por eso antes de ‘acelerar tu vida’, asegúrate de saber bien tu destino, un destino importante y justificable, en el que incluso si incurres en un error, te será perdonado. Pero si actúas por ego, infatuado de ti mismo, buscando disfrutes, será muy difícil que te entiendan. ¡Se te cobrará la cuenta!

    Conciencia responsable es un requisito básico, pero no es la meta. Sólo el amor transparente te llevará hacia la meta del viaje, y es por el amor a todos, que debes ser muy delicado, y evitar lastimar a uno de tus seres amados. Otros, en su conciencia caída, atropellan a los demás por puro gusto, y hasta los matan. Así, los que gustan vestirse con la piel ajena, los que disfrutan con el dolor de otras entidades vivientes, y que viven diversiones sin restricción, personas que actúan impulsadas por el instinto. Para muchos el lema de vida cumple con: “¡Todo lo que corre, nada, o vuela, va a la cazuela!”.

    Pocos están preparados para recibir este mensaje de amor. Aún así esperamos que tú estés listo, pues por una u otra razón ha llegado a tus manos. Tal vez esperabas información de automotores, cosa relativamente importante, pero, ante todo, es una invitación a que conduzcas tu vida y te asegures un destino feliz, junto a aquellos que amas.

    En este momento de tu vida, ya has recibido el voto de confianza. Ahora, sé el mejor de los conductores, guiando corazones, los motores trascendentales. Sé el mejor padre de familia. Sé el mejor hermano. Sé el mejor amigo. Sé el mejor gobernante. En fin, se el mejor en tu papel. Te garantizo que no te arrepentirás, pues el amor es tan poderoso que hasta nos permite relacionarnos con el Infinito, lo que más aspiramos, en busca de Su misericordia, como fiel compañera en nuestro noble intento.

    Por eso siempre oramos pidiendo:

    “¡Oh, mi Señor! ¡Déjame ser un instrumento de Tu amor!”

    Fuente: Colección Sabiduría Védica
    Autor: Swami B.A. Paramadvaiti

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