Diga no a la televisión

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    La televisión se ha vuelto uno de los principales instrumentos de diversión del mundo diga-no-a-la-televiionmoderno. Ha entrado en la vida y privacidad de la mayor parte de la humanidad en una forma tan dramática que en muchos lugares el televisor no se apaga desde la mañana hasta la noche. El promedio de uso de la televisión en los Estados Unidos es de cuatro horas diarias.

    La dependencia o adicción a mirar televisión se crea y se promociona a través de algunos condicionamientos básicos de nuestra existencia. El primer condicionamiento es la pereza, pues al ver televisión uno cree que está aprendiendo algo o se imagina que está divirtiéndose; pero realmente nada de eso sucede. Por el contrario la mente se contamina llenándose de basura de todo tipo que estimula en el televidente el anhelo de satisfacer sus deseos egoístas sin considerar a los demás ni las consecuencias de sus actos. De esta manera las personas aumentan su ansiedad y se les hace difícil comportarse como seres humanos rompiendo así, con los principios del dharma (deberes morales y comportamiento apropiado prescritos para la humanidad). Esta contaminación surge por la promoción que hace la televisión de la matanza y el consumo de animales; al bombardeo continuo de violencia, lujuria y sexo ilícito en todas sus manifestaciones; y a la promoción de los juegos de azar, la codicia, la envidia, los celos, etc. Todo eso que no es más que promover e incentivar los caminos que conducen a una vida infernal.

    Debido a que desconocemos nuestra verdadera identidad y carecemos de Conocimiento Espiritual somos almas condicionadas muy inclinadas al disfrute, la pereza, los chismes, la crítica y a echarles la culpa a los demás por los malestares que enfrentamos en nuestra propia vida. Por tal motivo necesitamos conocer y aplicar los fundamentos de la Educación Espiritual en la Cultura Védica:

    1. Aprender a ser agradecidos con todo lo especial y bello que hemos recibido desde el nacimiento.

    2. Sentir compasión por todos aquellos que sufren debido a sus propias equivocaciones por la ignorancia en que viven.

    3. Comprender que la vida humana es una Escuela de Amor; que uno es un servidor en todas las circunstancias y que por ello es mejor servir al Creador y a Su propósito haciéndose útil en esta vida para poder crecer espiritualmente.

    4. Comprender además, que el principio del placer personal, la lujuria, es nuestra verdadera enfermedad. La cura es vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, la Verdad Suprema; actuando de tal manera que Él se complazca y beneficiando incondicionalmente a todas las personas con las cuales estamos compartiendo el planeta.

    Así, puede darse cuenta, que ninguno de estos valores morales es promocionado en la televisión; es más, siempre nos mantienen confundidos y alienados con la falsa idea que somos este cuerpo material y dueños de las cosas transitorias; y así olvidamos una y otra vez la gran responsabilidad que tenemos como seres humanos. El conocimiento de la Verdad comienza con la apreciación de que uno es la conciencia, que no es material, y no creer que uno es un pedazo de carne que solamente se está envejeciendo.

    La segunda comprensión que obtenemos estudiando Los Vedas bajo la guía de un Maestro Espiritual; es que todo este Universo es controlado por el Señor Supremo y que Él está situado en el corazón de cada entidad viviente como el Controlador Supremo y Testigo de todo lo que estamos haciendo. Comprendemos además que existe una Ley de acción y reacción para cada pensamiento, para cada palabra, y ni qué decir para cada cosa que realizamos. Por último sabemos que existe un mundo eterno donde podremos vivir una vez que hayamos llegado a la Perfección de nuestra existencia; lo que significa que habremos superado el círculo de los repetidos nacimientos y muertes. Allí, podremos llegar a vivir nuestra propia naturaleza pura; la cual es Sat (eterna), Chit (llena de conocimiento) yAnanda (llena de bienaventuranza); derivadas de nuestra eterna relación de servicio amoroso a Dios. Todo aquello que nos da información contraria y que nos inspira a actuar de manera adversa a estas iluminaciones son peligrosas contaminaciones para un ser vivo.

    Y toda esta contaminación se esta recibiendo muy tranquilamente en todos los hogares. En el caso del televisor este peligro aumenta por el acceso fácil que tiene hacia toda la población y por su metodología de apelar a los instintos más bajos del alma condicionada con sus imágenes sensuales, violentas y su naturaleza chismosa; es un perfecto instrumento de manipulación por parte de los gobernantes inescrupulosos, sin visión espiritual; y por ello, todos los problemas de la así llamada “civilización del siglo actual” están yendo día tras día de mal en peor.

    Aunque es innegable que la misma tecnología también puede usarse para mirar cosas que favorezcan a la Evolución de la Conciencia; es obvio que la contaminación es más grande que los beneficios. Por ello, el primer paso para proveer a sus niños y a ustedes mismos de una buena atmósfera en el hogar es sacar el televisor de la casa o en último caso tenerlo exclusivamente para mostrar videos que promuevan los valores morales y espirituales.

    La gente hoy en día tiene el televisor como su guru (maestro), todos los días fielmente se sienta frente a “él” para llenarse la cabeza con tonterías con las que creará sus errados conceptos de la vida. Ese tiempo gastado frente al televisor es el mismo que uno debe dedicar todos los días a escuchar al Maestro Espiritual y a las Sagradas Escrituras para llenarse con la energía positiva de hacer algo muy lindo por la vida. También es notable que la gran mayoría de la gente ya no tiene ni altar en su casa; ni ofrecen, ni agradecen por su comida; la mayoría sólo aspira lograr una vida estilo Hollywood: sensual y superficial; y desde luego, a costa del sufrimiento de los demás.

    Por ello, no es suficiente que uno saque el televisor de la casa; uno tiene además, que eliminar todo tipo de intoxicantes y embriagantes del hogar, eliminar todos los productos de la matanza de animales y volverse estrictamente vegetariano. Además, uno debe promover y practicar la castidad; es decir reservar las relaciones sexuales tan sólo dentro del matrimonio y ojalá con una Conciencia Sagrada. Se deben evitar también los juegos de azar.

    Debemos buscar un gusto superior, lograrlo no es difícil; simplemente por tener la cercanía de personas que luchan por hacer de este mundo un sitio mejor, tendremos buena compañía, buena amistad y buenas metas para alcanzar; pues sólo así, con este estímulo, nuestra familia llegará a ser mejor. Caso contrario, la televisión y sus contaminaciones seguirán siendo el guru de su familia y el final fatal ya lo tendrá usted asegurado. Por eso, le pido de todo corazón: sea valiente, haga la diferencia y descubra la riqueza de una vida dinámica sana, con valores trascendentales.

    *Los niños que ven violencia en la pantalla se comportan más agresivos; sin importar su localización geográfica, su sexo, su nivel socioeconómico o si tienen problemas emocionales. Este efecto es interdependiente; es decir, los niños agresivos eligen programas violentos y aquellos que ven estos programas son más agresivos.

    *No deben tener un aparato de televisión en su habitación; esta costumbre es contraria a la vida de familia, pues incentiva el aislamiento y provoca una adicción a la televisión. Debemos tener presente que la adicción a la televisión impide el juego sano y natural de nuestros hijos, su creatividad y convivencia familiar.

    *El comportamiento agresivo, la obesidad, el uso y abuso del alcohol y el tabaco son las consecuencias negativas que pueden sufrir los menores por ver demasiado tiempo televisión. Por otra parte; ésta también influye en sus actitudes incorrectas hacia la sexualidad.

    Máximas:

    “El aumento de los deseos multiplica la miseria. Trate de estar satisfecho con todo lo que recibe”.

    “Sea indiferente a las cosas que le conciernen a usted, preocúpese y ocúpese más por ayudar a los demás y aprenda a depender de la misericordia de Dios”.

    Fuente: Colección Sabiduría Védica
    Autor: Swami B.A. Paramadvaiti

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